¿Cuántas veces el ajedrecista se ha sentido satisfecho con una partida cuyo resultado no ha superado la igualdad?
Deteniéndonos a pensar sobre el asunto de seguro no será muy difícil recordar ejemplos de partidas tablas entre las que se encuentran las artísticamente bellas, o aquellas no menos intensas en lo que a combatividad se refiere.
¿Quién no se ha hallado próximo a rendirse y aun así intenta aferrarse al último recurso de tablas que existe en la partida? Incluso existen las divisiones del punto que pueden considerarse estratégicas; y en tal sentido, si mal no recuerdo, el propio Kasparov alguna vez expresó que no era tan malo hacer tablas posterior a una derrota.
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